Inicio OCIO EN MADRID MUSEOS Y EXPOSICIONES Verano Butterfly en el Thyssen

Verano Butterfly en el Thyssen

Tras la Semana de la Ópera en el Real, con Madama Butterfly como protagonista, la heroína de Puccini pasará el verano en el Thyssen. La geisha enamoró a los artistas españoles hace más de un siglo.

Madama Butterfly, de Giacomo Puccini, y su triste historia de amor han triunfado en la Semana de la Ópera organizada por el Real, entre el 30 de junio y el 9 de julio, especialmente en las retransmisiones al aire libre del montaje. Pero la geisha se queda en Madrid  hasta el 27 de agosto, en el Museo Thyssen, con una interesante exposición, Madama Butterfly y la atracción por Japón, sobre la fiebre por lo nipón que invadió Occidente desde mediados del  XIX, cuando el hermético imperio del Sol Naciente se vio obligado, por Estados Unidos, a abrir sus puertas.

La obra se entrenó en la Scala de Milán en 1904 y tres años después en Madrid, donde se compartía esa fascinación por lo japonés, tanto el país real como imaginario. De hecho, los figurines que se utilizaron en Madrid fueron obra de Joaquín Xaudaró, brillante ilustrador de la época, que trabajaba especialmente para Blanco y Negro.

En la exposición del Thyssen, Madama Butterfly y la atracción por Japón podemos ver más ilustraciones –españolas y genuinamente niponas-, pintura, libretos teatrales, elementos decorativos, piezas de moda y complementos que testimonian ese interés por el exotismo que representaba Japón. Hay, incluso, dos curiosas piezas que representan a la Reina María Cristina y a su hijo, el Rey Alfonso XIII –entonces un niño- vestidos a la manera japonesa.

En el panorama internacional, artistas como James McNeill Whistler, Édouard Manet o Claude Monet sucumbieron a la influencia cultural nipona, que a su vez influiría en el arte moderno. Entre los pintores españoles destacan, Eduardo Zamacois y Mariano Fortuny, activos ambos a finales de la década de 1860 y comienzos de 1870 en París. También Raimundo de Madrazo, quien introdujo en sus cuadros motivos orientales como biombos, parasoles o cojines, como en La lectura (Aline Masson), de 1880-1885. A ellos les seguirían otros muchos artistas hasta entrado el siglo XX.

La clase alta madrileña adoptó la decoración japonesa, con salas y gabinetes que reunían objetos, empapelados, mobiliario. Pueden verse todavía en el palacio de Santoña, la residencia de Cánovas del Castillo o el palacete de la infanta Dña. Eulalia de Borbón. Incluso el restaurante Lhardy dispuso de un salón japonés, que aún se conserva.

El marqués de Cerralbo atesoró armas, armaduras y otros objetos japoneses adquiridos en subastas en París, como el juego de recipientes Jubako. Joaquín Sorolla contó asimismo en su colección personal con varias obras de origen japonés, entre las que se encontraba un magnífico álbum de grabados surimono, presente en la exposición. Fruto del coleccionismo privado, en la segunda década del siglo XX ingresaron en el actual Museo Nacional de Artes Decorativas diversas estampas y libros, donación del ingeniero y arquitecto Juan Carlos Cebrián, algunos en la muestra.

Información Práctica

Fechas: Del 22 de junio al 27 de agosto de 2017.
Horas: Lunes, de 10:00 a 19:00h. De martes a domingo, de 10:00 a 19:00h
Entrada: General (con acceso a exposiciones temporales), 12 euros, 8 reducida.
Lugar: Museo Thyssen. Paseo del Prado, 8. 280014 Madrid. (Ver Mapa y cómo llegar).

Crisantemas (1900), de Pedro Sáenz y Sáenz. Diputación de Málaga.

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