Inicio GASTRONOMÍA Un alimento para cada hora

Un alimento para cada hora

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Un día se descubrió que era mejor tomar algunos medicamentos a ciertas horas. ¿Y los alimentos? ¿Su química también se puede relacionar con el reloj? Parece que sí. Es la cronobiología nutricional.

Las Clínicas Mato Ansorena trabajan sobre esa idea en su Departamento de Nutrición y Dietética. Ponen un ejemplo al alcance de la experiencia de cualquiera: a unos les cuesta levantarse todos los días, aunque no hayan trasnochado. Otros se comerían la propia nevera durante la tarde noche, aunque hayan almorzado en condiciones… Es que hay algo les falta en ese justo momento. Y es que, como todos los seres vivos, el ser humano está sometido a un funcionamiento rítmico mediante los llamados ritmos circadianos, es decir, variaciones diarias de alrededor de 24 horas, controlados por relojes internos que regulan el sueño y la vigilia, la temperatura corporal, la secreción de hormonas y, por supuesto, la nutrición.

Los ciclos circadianos no son una novedad, pero solemos olvidarnos de ellos. Todos los seres tienden a estar sincronizados con el entorno exterior, ya que confiere una ventaja competitiva que nos permite anticiparnos a los cambios del entorno. Nuestro reloj interno se divide en dos: El matutino (de 05:00 a 17:00h) busca darle energía al cuerpo, y el nocturno (de 17:00 a 05:00h), en el que nuestro cuerpo busca restaurarse y relajarse. En esos dos turnos se secretan diferentes sustancias químicas y hormonas que ayudan al cuerpo a lograr sus objetivos de vigilia y descanso. Esos ritmos diarios parecen estar implicados en las señales de hambre y saciedad, que solemos traducir en horarios de comidas, aunque para algunos, las señales se alteran y se traduce en kilos de más o en obesidad.

Hay personas más sensibles a las señales de su organismo de forma casi instintiva y recurren a las cinco ingestas de comida diarias recomendadas, ingestas de diferente contundencia, pero que permite al cuerpo adaptarse mejor a los ritmos de la secreción de insulina. Interrumpirlos o alterarlos predispone a la resistencia a la insulina y a la obesidad.

Para la Clínica Mato Ansorena, la diferencia entre la ganancia y la pérdida de peso en las personas está determinada por el momento del día en que se consume una comida, más allá de su valor energético. Si consumimos un alimento que estimula o da energía en el turno nocturno, lo más probable es que almacene grasa, de igual modo si comemos algo relajante en la mañana, es más fácil que perdamos músculo. Consecuencias orgánicas: No respetar aquello que nos pide el cuerpo como comer, dormir o descansar acaba pasando factura y sus consecuencias orgánicas se hacen notar: insomnio, falta de atención y concentración, cansancio, depresión, además de acentuar enfermedades crónicas tales como la diabetes, y la hipertensión y obesidad, entre otras.

Carbohidratos: Desayunar con pan o cereales está justificado, ya que se producirá un óptimo aprovechamiento de los carbohidratos para la obtención de energía. De la misma manera, en el almuerzo se deberían incluir alimentos energéticos, sobre todo en forma de carbohidratos complejos como arroz, pasta, legumbres, pan y patatas, así como las versiones integrales de estos alimentos.

La tirosina: Es un aminoácido y es precursor de la dopamina y la noradrenalina, por lo que sería recomendable tomar por la mañana las proteínas ricas en tirosina como el huevo, queso o el jamón y los glúcidos de absorción lenta como el pan integral. No debemos olvidar tampoco el consumo de vegetales, tanto a mediodía como de noche.

El triptófano: Es el aminoácido precursor de la serotonina y la melatonina, que se sintetizan por la tarde y noche respectivamente, por lo que lo recomendable será tomar aquellos alimentos ricos en él por la tarde, como los frutos secos y la fruta. La cena, por su parte, sería el momento para el pescado, el marisco, el pollo o pavo y la verdura de hoja.

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