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Tócame Roque

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He aquí una expresión habitual, que tiene un origen muy concreto. La Casa de Tócame Roque existió (a mediados del siglo XVIII) y fue una popular vivienda madrileña, en forma de corrala, destartalada y sucia.

En ella convivían unas ochenta familias de “chisperos”, como se hacían llamar los herreros, que tenían instaladas sus fraguas en el patio central, y que tomaron el nombre por las chispas que salían de las fraguas. Las disputaseran frecuentes en esa vivienda (como era común en las corralas).

Las riñas más conocidas fueron entre dos hermanos, Juan y Roque, eternamente en disputa por una herencia sobre la corrala que estaba muy mal redactada, por lo que no se sabía a ciencia cierta quién de los dos hermanos beneficiaba el testamento: «tócame a mí», gritaba uno, contestándole el otro, «no, tócame a mí». Y como las paredes oyen y mucho, sobre todo si las voces de una bronca las atraviesan, no tardó en correr el chascarrillo de boca en boca por las calles de Madrid, burlándose todo el mundo de la disputa. (Por cierto, no hemos encontrado por ningún lado a cuál de los dos hermanos se  acabó otorgando por fin la corrala).

Además de por las múltiples trifulcas, la casa se hizo famosa gracias al sainete de Ramón de la Cruz titulado ‘La Petra y la Juana’ o ‘El buen casero’ (conocido popularmente por ‘La Casa de Tócame Roque’) La obra inspiró también un libreto llamado ‘La Casa de Tócame Roque’, del profesor Javier Santero y una pintura de Manuel García García, artista sevillano, conocido por su sobrenombre “Hispaleto”. Su cuadro ‘La casa de Tócame Roque‘,  inspirado en la famosa historia (ver imagen) está en el Museo del Prado.

La tradición de los líos se mantuvo en el tiempo. Los mayores enfrentamientos se produjeron en el año 1850, esta vez por culpa de la reordenación urbanística, ya que el Ayuntamiento decidió demoler la casa. Sus habitantes se resistieron a abandonar sus viviendas, de tal forma que tuvo que intervenir la fuerza del orden público y el enfrentamiento fue feroz, aunque, al final, no consiguieron evitar ni el desalojo ni el derribo, pero tardaron más de un año en desahuciarles. ¡Menudo eran los chisperos!

Este es el edificio en la actualidad, construido en el lugar de “La casa de tócame Roque” y que está situado en la Calle Barquillo, 49, 28004 Madrid y en donde se puede ver la Placa que lo cuenta.

 

La Real Academia Española de la Lengua define la expresión “esto parece la casa de tócame Roque“, como “aquella en que vive mucha gente y hay mala dirección y el consiguiente desorden“.

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