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L’ Eau d’Issey cumple 25 años

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Crear cualquier fragancia es fácil, pero son perfumes de paso. Hay quien busca un aroma único, capaz de conectar con mujeres ajenas a la presión de la moda. Lo encontró Issey Miyake hace ahora 25 años.

L’Eau d’Issey apareció en 1992, firmado por un  creador indiscutible como era ya el japonés Issey Miyake. La fragancia sorprendió por sus características, aunque era muy coherente con la trayectoria de Miyake, amante de una moda de líneas limpias que convivía con tejidos y técnicas muy avanzados tecnológicamente.

El nuevo perfume rompía con las tendencias exageradas del momento, los brillos y la opulencia noventera. Miyake prefirió inspirarse en el agua, en su frescura, su manera de fluir, la pureza que evoca. La leyenda asegura que el punto de partida para L’Eau d’Issey fue una tarde en París, cuando Miyake vió brillar la luna sobre la Torre Effiel y pensó en una perla cristalina sobre un frasco esbelto de vidrio. ¿Por qué no va a ser verdad?

Lo cierto es que contó con el perfumista Jacques Cavallier, para elaborar su agua. Y Cavallier eligió el loto, húmedo y de aroma delicado, para lograr esa cualidad acuática que se pretendía, combinándolo con fresia. En el corazón de la fragancia, el toque floral de la peonia y el lirio blanco, con un toque repentino de clavel picante. La madera y el osmanto, un arbusto oleoso, cierran el círculo de L’Eau d’Issey.

Para envasar su perfume, Miyake buscaba un reflejo de su idea parisina, un frasco simple, sin  nada artificial, sin adornos superfluos. Como su moda. Contó con dos diseñadores, Alain de Mourgues y Fabien Baron, que se inclinaron por líneas geométricas y ligeras, por un flacon esbelto y vertical. Para evocar la poesía y el movimiento del agua idearon una cuenta de vidrio, que parece  una gota suspendida en el aire, quizá como aquella luna de París.

L’Eau d’Issey rompió muchas reglas y el suyo se consideró como un perfume realmente nuevo, aunque tal como concibe Miyake ese concepto: algo innovador, más que reciente; fruto de la investigación. También debe ser algo artístico, digno del tipo de lujo que gusta al modisto japonés.

Issey Miyake nació en Hiroshima en 1938. Se interesó pronto por la estética, el diseño y la moda y abrió su propia firma en Tokio en 1970. Antes se había formado en París (Guy Laroche, Givenchy) y en Nueva York (Geoffrey Beene). La suya se convertiría en una de las voces más originales y ambiciosas de la moda. Sus raíces culturales, combinadas con la sofisticación de sus conocimientos cosmopolitas, más esa vena científica que nunca ha abandonado, han hecho siempre reconocible su trabajo.

Con cordura y modestia –dice Miyake-, yo únicamente hago la mitad del trabajo. La mujer que lleva alguna de mis prendas o mi fragancia, hace la otra mitad. Yo las diseñé, pero ella les da vida. Es una comunión indispensable.

Si sus modelos no están a nuestro alcance, sobre todo los clásicos, al menos lo está L’Eau  d’Issey, un perfume que llega al cuarto de siglo como si acabase de imaginarse para las mujeres de ahora mismo.

Información práctica
L’Eau d’Issey de 25ml, 45 euros; 50ml, 71; 90ml, 101 euros.

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