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Una chica en el Prado

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El Museo del Prado está lleno de mujeres: reinas, diosas, santas, madres y madonas, heroínas… Otra cosa es encontrar pintoras. La exposición dedicada a la flamenca Clara Peeters tiene por ello mucho interés.

De Clara Peeters se sabe poco, aunque su vida dejó un rastro en Amberes, donde nació sobre 1588/90, y donde residió habitualmente pintando magníficos bodegones de naturalezas muertas y de flores. Hay documentadas 40 pinturas que salieron de sus manos, aunque solo se conservan 30. De ellas, 4 están en el Museo del Prado. La primera aparece en 1607 y la última está acreditada en 1621, pero pudo haber más trabajo antes de su muerte, tal vez en 1657.

La exposición El arte de Clara Peeters se ha organizado con la colaboración del Museo Real de Bellas Artes de Amberes y pone de manifiesto la calidad de una artista elegante y cuidadosa en la pincelada y en los temas. Pero, como señalan los organizadores, hay más de lo que se ve en sus pinturas, un cierto enigma relacionado con la selección de los elementos, sean las porcelanas, los frutos, los dulce… y, desde luego, sus flores. Pintó, en cualquier caso, elementos lujosos para, seguramente, una clientela también de lujo.

Centrar la atención en Clara Peeters es una forma también de valorar el trabajo de las mujeres artistas, que tanto tardarían en abrirse paso. Apenas hay un puñado de pintoras en el Museo del Prado, y apenas ocupan espacio sus obras, escasas además, en el catálogo de las casi 5000 que atesora el Museo. Unas se exhiben de vez en cuando, otras descansan entre los fondos guardados de la pinacoteca, aunque algunas  pinturas cuelgan en las paredes de la galería por el especial prestigio que consiguieron las pintoras.

Puede parecer extraño que no hayan surgido más artistas femeninas, sobre todo si tenemos en cuenta que tradicionalmente dibujar se consideraba una actividad delicada y recomendable, lo mismo que tocar algún instrumento, cantar… Pero es que más allá de los mitos románticos sobre el arte, pintar, modelar, componer, escribir son trabajos, oficios quizá sea mejor decir, que requieren una formación y una dedicación a tiempo completo, sobre todo si se quiere vivir de ello. Y ayer como hoy, había (y hay) que saber venderse (nunca mejor dicho), conseguir mecenas y apoyos, interesar a la sociedad, viajar tal vez. Moverse, negociar, centrarse en una tarea al margen de las identificadas y exigidas a una mujer exigían independencia y una aceptación que estuvieron fuera del alcance femenino hasta muy avanzado el siglo XIX, por no decir directamente el XX.

Las escasas pintoras de las que hay noticia y obra suficiente en los museos a menudo eran hijas de pintores o mujeres acomodadas que podían dedicarle espacio a ese pasatiempo.  Es verdad que tal vez haya más obra de lo que parece, dentro de sus limitaciones, y que, como pasa con muchas compositoras del pasado, a menudo su trabajo está detrás de muchos anónimos o aparece firmado por hombres, no porque ellos se apropiasen de sus cuadros o composiciones, sino porque les prestaban su nombre para que pudieran actuar. Por las razones que fuera, Clara Peeters pudo moverse en un ambiente artístico que le permitió aprender y trabajar, aunque no sepamos todo lo que nos gustaría sobre su vida.

Es razonable que, salvo excepciones, los temas elegidos por las artistas fueran aquellos que tenían más a mano: de ahí los bodegones y naturalezas muertas, las flores, las miniaturas y los retratos, donde algunas se abrirían paso, como es el caso de Sofonisba Anguissola, todo un carácter, que llegó a trabajar en la Corte de Felipe II con una carrera importante.

Las otras pintoras del Museo

Clara Peeters se merece una visita, desde luego, y de paso nos da una excelente excusa para nombrar en voz alta a las otras chicas del Prado, se exhiba o no su obra. para hacerles un poco de justicia: Julia Alcayde Montoya (XIX-XX); Sofonisba Anguissola y su hermana Lucía (XVI-XVII); Margarita Caffi (XVII-XVIII); Marguerite-Jeanne Carpentier (XIX-XX); Artemisa Gentileschi (XVI-XVII); Angelica Kauffmann (XVIII-XIX); Giulia Lama (XVI-XVII); Louise de Liniers (XIX); Sophie Liénard (XIX); Flora López Castrillo (XX); Teresa Madasú (XIX); Emilia Menassade (XIX); Anna María Teresa Mengs (XVIII); Teresa Nicolau Parody (XIX); María Luisa de la Riva y Callol (XIX-XX); Joaquina Serrano (XIX); Elizabetta Sirani (XVII); Marietta Robusti Tintoretta (XVI); Rosario Weiss (XIX) (de cuyos dibujos hizo una gran exposición el Múseo Lázaro Galdiano el año pasado); Catarina Ykens (XVII).

 

Fechas: Del 25 de octubre de 2016 al 19 de febrero de 2017. Cerrado, 25 de diciembre, 1 de enero y 1 de mayo. 

Lugar: Museo del Prado. C/ Ruiz de Alarcón, 23. 28014 Madrid. (Ver Mapa y cómo llegar).

Horarios: De lunes a sábado, de 10:00 a 20:00h. Domingos y festivos, de 10:00 a 19:00h. Horarios reducidos de 10:00 a 14:00h los días 24 y 31 de enero y 6 de enero.

Entradas: General, 15 euros; reducida, 7,50. General más libro-guía, 24 euros. Es gratuita de lunes a sábado, de 18:00 a 20:00h y de 17:00 a 19:00h domingos y festivos. Venta online, en taquilla o en el teléfono 902 107 077.

(En imagen de apertura, Mesa. Hacia 1611. Óleo sobre tabla, 55 x 73 cm. Varias viandas sobre una mesa alrededor de una empanada. Firmado en el cuchillo. Procede de la colección de la reina Isabel de Farnesio, localizándose en el Palacio de La Granja en 1746. Debajo, supuesto Autorretrato de Clara Peeters).

 

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